sábado, 2 de mayo de 2009

REGÁLAME EL COMIENZO (Carta Nº 16)

“Sin duda, te reconoceré de inmediato....
y tocaré tus labios con mis dedos, presa de una fiebre que no amaina... “
Chillán, Chile, Primavera de 2008
Querido Amigo:
La última vez que hablamos me dejaste abandonada, con los labios tiritando de rabia y frustración.
Me hablaste de tiempos del polvo, de tiempos antiguos, de un improbable tiempo que quizás nunca se repita.
Me obligaste a abrir la mano empuñada y dejar libres las mariposas que había cazado para ti.
Mis dedos recorrieron mi cuerpo como si fuese un mago sin memoria, buscaron en el fogón donde cocino la vida por si algún rastro tuyo me quedase… Alguno que no me obligara al olvido violento.
Quiero jugar con tus barcos de papel, dejarlos que naveguen en mi corriente sin la prisa a la que estás acostumbrado… Quiero desabrocharte la camisa y besarte tan dulcemente que la boca se me vuelva granada.
Tengo una boca perjura, una boca infame, una boca desleal que no quiere dejar de pronunciarte.
No me regales de nuevo un final para mi cuento. Regálame el comienzo.
MILITA

ADIÓS (Carta Nº 15)

Capitán de mi navío:
Te quiero como quieren las águilas, desde mis alturas insultantes, desde los penachos hasta las garras crueles.
Como quieren los arcoiris, con todos los colores, etéreamente, con todos mis juegos de luz y mis inconsistencias.Como quieren los álamos, con susurro de tarde, con murmullo de primavera. Como un geranio de sangre.
Te quiero como quieren los que no aman por soberbia, los que se resisten arrogantes, los que no aman por orgullo.
Te quiero con sonrojos de luna, con aullidos de dos que desvisten sus sudores, como si cada orgasmo se colgara de mi cuello como perla destilada.
Estoy escurrida, filtrada, vertida, donada, queriéndote; pero suelto tu mano.
MILITA

LA INVITACIÓN (Carta Nº 14)

Gonzalo:
Me sigo golpeando contra ti, como una ciega obstinada, como una gota terca, como un molino…
Me sigo encontrando con tu silencio más pertinaz que mi osadía, más demoledor que mi esperanza, más lejano que todas mis ganas.
Quiero dejarte una invitación, ¿me dejas? Una invitación para tu tarde de miércoles, porque el deseo los miércoles lo absorbe todo. Te insisto ¿puedo?
Amor silente, amor noctámbulo, quiero acariciarte lentamente, recorrer con mi lengua las vértebras de tu espalda, dejar mensajes mojados en tu cuerpo, mensajes salados, salobres, salinos, como un reguero, como una sucesión de besos que no aflojan, como un testimonio erótico que acompañe tu erección.
Quiero, sosegadamente, conversar en tu pubis los diálogos que te debo después de tantas noches de ausencia, indagar inquisidora hasta en el último pliegue de ese cuerpo que es mío y que me niegas.
Quiero desprenderte de tus cimientos, que te dejes llevar por mi locura, que transites mis tierras tan calientes y tan incomprendidas, sacudir tu sueño y encenderte como un faro. Incitar tu hombría, hacerte el vigía de mi humedad mágica, de la humedad que aguarda por ti, de la humedad que te ofrezco.
Grítame en los poros que soy la puta celestial de tu noche. Atrae mi tarde a tus horas que me sueñan entregada, a tus minutos que me estremecen, atrae mi tarde hasta que me quites el sol.
Insisto, amigo, quiero dejarte una invitación infiel ¿puedo?
MILITA

LA CARTA QUE NUNCA ME ENVIASTE (Carta Nº 13)

Ella me quedó mirando como si detenido el tiempo pudiese ver a través de mí, como si mi cuerpo fuese una ouija, como si mi pájaro tibio fuese el vaso que construye las palabras.
¿Qué pretenderá esta mujer de trazos gruesos? ¿Pretenderá acaso silenciarme de pronto? ¿Notará esas nuevas redondeces que colgó de cada lado, que se aprietan y se distienden como si cantasen...?
Y yo levanto mi caleidoscopio para ver imágenes...
Si es la misma ¿cómo es que no puedo sentir su jarabe fértil? Aún hoy mis dedos parecieran oler como huele su horno húmedo. Y es que la extraño ¿qué nuevos bailes destrozarán ahora sus caderas?
Girasol enorme, silabario vegetal con el estigma de una primavera prematura, girasol enorme, bombonera borracha de tesoros candentes, ¿qué hace otro nigromante conjurando tus formas? ¿por qué otro sastre hilvana hijos en tu útero también mío? ¿qué hace un marinero extranjero en tu agua íntima?
Como una campana obstinada retumba tu rostro en mis sienes, quiero surcar tu tierra anhelante con mi arado blanco, que seas entre mis manos el canto de mi deseo.

CEMENTERIO MALDITO (Carta Nº 12)

Gonzalo:
Aún estoy en el lugar de entonces donde los sueños se quebrajan como hojas otoñales, donde la ira gotea redonda como cereza, donde me dejaron los juegos indefensa ante la laguna oscura de tu corazón ciego.
Y sigo escribiendo para ti, para que me sepas empapada de rocío, para que me sepas incendiada, para que me sepas como racimo de uva dorada y prepares la vendimia. ¿Qué hace mi canto desobediente alzándose nuevamente entre sus voces? ¿Qué soy entre el asfixiante manoseo de sus grandes aspas? Me comen los molinos.
Las sensaciones otoñales se tatúan en mi piel de noches, en la siesta ardieron los monstruos que devoraron mis esperanzas raídas y mis redes echadas a los ríos mansos de tu rostro arrastraron lágrimas.
En el madero donde los deseos crucifican la carne, agonizo cuando tu beso hiere la memoria.
Me atrae tu silencio y como somos juguetes de guerra quiero descubrir tu cuerpo sin armas algún día...
Quiero lunas degolladas en este ritual profano, quiero ensañarme con la tibieza leve de tu cercanía y hacer florecer dagas en tus ojos.
Sí y luego quiero los días de los excesos, la lujuria danzante del ombligo, la fertilidad oferente de un jardín de escarcha. Luego todo como un remolino, como el aguijón profundo de una abeja, como un evangelio sacrílego que nos confundió en la grandilocuencia de sus palabras sobrecogedoras. Luego con rapidez las cuentas de este rosario que con dificultad nos permitió escuchar la oración con el alma abierta.
Sí, te quiero, porque hay cementerios malditos donde los muertos nunca lo están...
MILITA

LA LOBA (Carta Nº 11)

Junio 17 de un año mudo
Amigo:
Ya ves. Me mordí la lengua, amarré mis perros eróticos, me eché al bolsillo la dignidad y te escribí de nuevo…
Destinada a escribirte, con la misma soltura que otras paren ángeles rubios, y destinada a morir en el silencio de su entrepierna.
Destinada a escribirte, con la delicadeza que otras cocinan y entremezclan los olores, como otras trenzan sabores campesinos, y destinada a morir en el silencio de su entrepierna.
Destinada a escribirte, como otras seducen hombres, como otras saltan de cama en cama como corsarias, y destinada a morir en el silencio de su entrepierna.
Destinada infinitamente a evadirte.
Continúo incendiada como la mejor luna de verano, pálida, asombrada y disponible para el juego de abalorios que me prometiste. Aquí estoy, en medio del frío, con recuerdos de lluvia en la memoria, con aullidos de amante, como la loba herida que dejaste temblando en una cama extraña hace casi tres mil ochocientas noches atrás…
Al fin y al cabo ¿qué importa que lloraran mis ojos, si mi pubis también lo hacía?
Soy una loba para la que no hay esperanza ni tiempos suficientes.
Te escribía con denotada lentitud, sabiendo que el mordisco del insomnio deja grandes trozos de noche detenidos. Luego sentí un dolor pequeño, que aflojó al abrir la mano; me sonreí admirándome de mi propia torpeza. Me miré las manos y las largas uñas. No hay sueño tampoco para la heredera del joven manos de tijeras.
MILITA

LA DESMEMORIA (Carta Nº 10)

Amigo:
Ayer el crepúsculo acabó con tu existencia dulzona, se acabaron los matices que asolaban la languidez de tu estructura. Te voy mirando extenso, resbala mi piel por tus piernas tibias para hacerte sentir estas bugambilias oscuras y altaneras.
Tejo la hojarasca crujiente de los robledales. Entrecruzo un par de hilos de hualle con los hilos invasores policromos, bajando la grisácea mirada en un adiós postergado largamente. Enlazo las intensidades musicales de tu sexo con las notas sinfónicas de mi césped enlutado, la claroscuridad de tus contorsiones con la vehemencia de mis lecturas desquiciantes..., y tiemblo, dudo, la puerta entreabierta al cosmos donde aprendí de tus astros es aún un destino sugerente.
La desmemoria es un reloj impuntual que, en ciertas medianoches innombrables, triza la irreversabilidad del tiempo, un campanario olvidado que cada ciertos días permite infieles vendavales musicales. ¿Alguien quiere ruiseñores matinales en su cama?
MILITA